Pues sí, lo hice, dejé la empresa, el piso de la calle Costa del Sol, y la capital de España.
Llegó septiembre y con el las vacaciones y me vine al Puerto. Con una carpeta llena de currículos me puse a recorrer los colegios de la provincia. Al cabo de una semana ya había hecho una entrevista en Huelva y otra en Puerto Real. El primero lo rechacé porque no me convencía y del otro no me llamaron.
Al día siguiente de recibir la negativa del cole de Puerto Real, me fui a la playa a estar un rato sola y tomé la decisión. Cogí un autobús y me fui a Madrid para decirle a la jefa que dejaba el trabajo (no voy a contar ni qué le dije ni cómo). Me pidió que me quedara al menos 15 días más para dejar organizado lo que tenía pendiente, y eso hice.
Ese mismo día me llamaron de un colegio de Sanlúcar para ir a hacer una entrevista y otra vez cogí un autobús y pasé la entrevista y me contrataron. Iban a ser sólo 6 horas a la semana, repartidas en 2 jornadas, pero aún tenía que trabajar en Madrid. Fueron dos semanas de agotadores vaivenes en autobús, viajaba por la noche para poder dar las clases por la mañana y ese mismo día volvía a Madrid, esperaba en la estación a que abrieran los metros y al curro.
Pero por fin llego el último de esos 15 días que debía a la empresa y cuando salí de la oficina, me giré para echar un vistazo a lo que dejaba y me sentí aliviada, respiré hondo y me di la vuelta pensando que se terminaba una etapa de mi vida en la que había aprendido mucho, en la que había vivido muchos momentos buenos y en la que había conocido a mucha buena gente. Los momentos duros que había pasado en los últimos meses se quedaron allí olvidados.
Ahora sólo quedaba la mudanza, y dejar el piso que había sido mi casa durante 5 años. Con el fue diferente, fue más difícil y cuando cerré la puerta no pude evitar derramar unas lagrimillas, en realidad más que lagrimillas me eché a llorar como una tonta. Y es que ¡cuántas cosas he vivido ahí! Compartí 2 años estupendos con Guillaume, conocí mejor a Renaud, viví unos meses buenísimos con Alexis (aunque el diga que los últimos no lo fueron tanto porque yo estaba insoportable), y a través de ellos conocí a Timo, a Jerôme a Julie, con los que también compartí muchas risas y borracheras y por supuesto muy buenas charlas.
¡Cuántas historias podría relatar el pisito de Costa del Sol si sus paredes hablaran!
…Y después de cerrar la puerta y terminar de llorar, que me llevó un buen rato, volví a coger mi medio de transporte habitual desde hacía unas semanas, y me fui al sur, donde huele a sal, a brisa marina,…